El ruido no está contemplado dentro de los requisitos ambientales que necesita un aula de danza. Sin embargo, como profesora, considero que es necesario añadirlo debido a la importancia que tiene en el aprendizaje. Tras analizar música, intimidad, ordenlimpieza, y a pesar de que nos faltaría sólo la luminosidad incluyo el ruido como uno más. De hecho, hablaré primero de éste.

Para sacar partido a una clase se necesita concentración, por lo que es necesario que exista silencio. A nadie se le ocurriría ponerse a estudiar en mitad de la calle  o hablar en una biblioteca, no podríamos. Este símil identifica perfectamente las condiciones que se necesita en una clase de danza para poder aprovecharla al máximo.

El ruido en el  aula de Danza_Sandra Santa Cruz

Quiero especificar, que no me refiero exclusivamente al que se produce dentro de la clase.  Aunque se trabaje a puertas cerradas, también nos distrae el ruido fuera del aula. Las risas del alumnado en los vestuarios, las voces altas, el llanto de un bebé que espera en recepción, el del tráfico si las escuelas están a pie de calle, etc. En definitiva, al generado por el trasiego de personas que se encuentren en el centro durante las clases y dependiendo de la ubicación, el de su alrededor.

Aunque cada nivel tiene unos objetivos concretos y un plan de estudio específico, en todos, es necesario pensar simultáneamente en varias cosas para controlar los ejercicios. Por lo que hay que prestar mucha atención a las reacciones que nos  ofrece nuestro cuerpo a velocidad milimétrica.

La danza además de exigir condiciones físicas conocidas por la gran mayoría,  requiere  también de memoria sensorial y velocidad de reacción. El bailarín tiene que concentrarse al máximo, aspecto que se verá favorecido con la ausencia de ruido.

Cuestión de actitud

Concedo al ruido en las clases con los más pequeños, exactamente la misma importancia que en la de los adultos. No comparto que se dé por sentado que por tratarse de niños de corta edad, no se pueda trabajar en silencio. Es más, mi experiencia me ha enseñado que a los niños les impresiona más que les hables susurrándoles que levantando la voz, ya que por desgracia en su día a día están más acostumbrados a lo segundo.

En mi modesta opinión, creo que si los bailarines no saben comportarse en clase es porque el profesor no define claramente desde el principio qué es un aula de danza, cómo tienen que comportarse y cuáles son los objetivos del aprendizaje. Cuanto antes se aprenda todo esto mejor, ya que estos factores nos afectan a todos.

Sin voz

¡Sin voz y sin ruido! Como anécdota, les contaré que en el espectáculo de Con mis mejores deseos, una alergia me dejó sin voz en uno de los ensayos. Lo peor era que había una parte conjunta con dos grupos de Predanza, llegando a coincidir 30 niños cuyas edades oscilaban entre tres y siete años. Aunque les cueste creerlo, trabajamos sin ningún tipo de problema. ¡Realmente fue increíble!

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Y el próximo y último post formativo del aula de danza será: la luminosidad.

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